Lo mejor de los brasseries franceses

Dos postres típicos de nuestra gastronomía

Nos gustan los dulces, y mucho más los más nuestros, los que nos han acompañado toda la vida. Torrijas, rosquillas, natillas, flan, cocadas, etc. En esta ocasión nos vamos a quedar con dos super postres: bartolillos rellenos de crema y leche frita.

Pero también te decimos cómo hacer torrijas, para que no te quedes con las ganas. Deja a un lado las dietas y toma nota de estas recetas.

Dos postres típicos de nuestra gastronomía

Bartolillos o canutillos rellenos de crema

Ingredientes:

En un bol ponemos los huevos y el azúcar, y los batimos hasta que empiece a blanquear. Si tenemos una batidora eléctrica podemos utilizarla.

Seguidamente, añadimos la harina, lo volvemos a mezclar y vertemos un poco de leche para que no esté tan espeso.

El resto de la leche la ponemos a calentar en un cazo junto con la cáscara de limón, y cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y agregamos la mezcla anterior, removiéndolo sin parar y dejando que cueza lentamente durante 5 minutos.

Lo retiramos del fuego y añadimos la mantequilla. Volvemos a mezclarlo y dejamos que enfríe.

Abrimos las obleas y las cortamos en 8 partes iguales, de forma que tengamos 8 triángulos isósceles, unidos por la base de dos en dos.

Colocamos una cucharada de crema sobre cada uno, y lo cubrimos con la otra mitad. Unimos los bordes con una cuchilla cortapastas o un tenedor.

Ponemos abundante aceite de girasol en una sartén y lo calentamos a fuego fuerte. Cuando esté el aceite caliente, freímos las obleas hasta que estén doradas e infladas, teniendo cuidado para que no se salga el relleno.

Los pasamos a una fuente para escurrir el aceite y dejamos que enfríen antes de espolvorear por encima azúcar glas o canela.

Leche frita

Ingredientes:

En un bol disolvemos la maizena en la leche fría. Cuando esté bien disuelta, agregamos el azúcar, una pizca de vainilla y la corteza del limón.

Todo esto lo ponemos a calentar a fuego medio, removiéndolo continuamente con una espátula, hasta que llegue a ebullición.

Con los primeros hervores se espesa y después lo retiramos del fuego. Vertemos esta mezcla en una fuente plana y alargada, para que quede un grosor de 1 centímetro y medio, y dejamos que enfríe, primero a temperatura ambiente y luego en el frigorífico.

Cuando esté bien frío y firme, lo cortamos en cuadros más o menos iguales, y los rebozamos en harina y huevo para freírlos posteriormente en aceite bien caliente.

Una vez que hayan cogido un bonito color dorado, los sacamos a un papel de cocina para que escurran el aceite sobrante.

Dejamos que enfríen antes de servirlos, y como toque final, los espolvoreamos con canela por encima.